Las miradas no se elevan
Consecuente con su dolor en el artificio de lo prohibido
Los ecos solares irrumpen con fuerza y devastan la quietud del silencio abrazador
Nadie se inmute
Claridad de los astros sobre nuestra cárcel
Nos lanzan su gemido para el despertar
Las miradas se vuelcan sobre ellas mismas
Las miradas no dicen nada hoy
Las miradas; la prisión del fuego
La ruta hacia el alma
Un puente degollado
Mil puentes quebrados donde ha de sostenerse quizá algún día la verdad primigenia del nudo estelar
Donde el obrero cosmogónico construya el permanente, el sólido material de un puente que nos una. . .
Un sueño latiendo en el miedo de nuestra pequeñez
Un abismo que cruzar
La nada a la que lanzarse
Ser obreros metafísicos sin cuerdas, ni ruta señalada
Las miradas miran hacia abajo
Los huesos están cansados
Ni el llanto ya, cura la desolación al ver la perdida infame ruta orgásmica de la autocreación por la autocreación
Solo yo
Solo algunos
Aquí,
Allá
Sabemos de aquella soledad
De aquella amargura
De aquella alegría oscura
De aquella victoria triste y muy pero muy risible
Las miradas no se elevan
Las miradas están clavadas en el eco del dolor
En el eco de la historia de la esclavitud
Ni el llanto hoy podrá salvarme de pensar la verdad de este el lugar donde nací.
El sol lanza su fuego
La luna su hiel
La noche se adormece en su regazo criminal
El día ya no es conciencia de la conciencia
El día es luz para pintar
la luz es la madre de las sombras
la sombra y la luz son para ahogarse como un suicida se lanza al mar
yo me lanzo a ellas porque no existe mejor pretexto para vivir
y de pronto alguien dentro mío se levanta y su mirada quema
su mirada bota ardor color bermellón
y mira a las otras miradas que no se elevan
y pretende despertarlas del sueño imbecil de la inercia
luego advierte que mejor es lanzarse al abismo del silencio
al recóndito paisaje interior
encaminarse al ocaso intimo cuyos colores son los colores del propio espíritu.
Mayo 2009
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lunes, 25 de mayo de 2009
NO HAY MAYOR SILENCIO
No hay mayor silencio que el silencio de la luz desplegada sobre las cosas
de esta habitación en ruinas oscura y roja que se hace llamar mundo
El fuego ardiente de nuestros pasos sin huellas
El fuego ardiente de todos los pasos que dejaron huellas
de aquellos a quienes mi memoria les brinda el homenaje de la sangre
les digo, sus pasos en vida ahora son cenizas fértiles de lo que quiero ser
No hay mayor silencio que el de la memoria de un loco
Ni mayor gesto en su cara cuando recuerda lo que fue
Ahí sus ojos ensombrecidos gesticulan la mueca del silencio
Y el lenguaje
Y las palabras
Y los idiomas
Se vuelven en mí el sentimiento de la mentira
¿Qué camino encontró un muro que no pudimos romper?
A mi memoria le gusta decir “yo estuve ahí”
A mi inteligencia le gusta decir “pude salir”
A mi miedo le urge decir “¡no más los ojos huecos de la mujer enlutada!”
A mi esperanza irremediable le es imprescindible decir “debimos cruzar todos”
A mi nostalgia le consuela decir “pinto y escribo lo que nadie puede ver”
Y a mi dolor le complace el silencio absoluto, las gotas de te, el humo del aliento, el viento del azur y el fuego crepitante de la llovizna que avanza sobre la acera infinita que mis pies descalzos construyen a cada andar, recompensa de empuñar los puños contra la pared y ser finalmente la poesía hecha materia, de sangre y de huesos, de batalla y de muertes.
Mayo 2009.
de esta habitación en ruinas oscura y roja que se hace llamar mundo
El fuego ardiente de nuestros pasos sin huellas
El fuego ardiente de todos los pasos que dejaron huellas
de aquellos a quienes mi memoria les brinda el homenaje de la sangre
les digo, sus pasos en vida ahora son cenizas fértiles de lo que quiero ser
No hay mayor silencio que el de la memoria de un loco
Ni mayor gesto en su cara cuando recuerda lo que fue
Ahí sus ojos ensombrecidos gesticulan la mueca del silencio
Y el lenguaje
Y las palabras
Y los idiomas
Se vuelven en mí el sentimiento de la mentira
¿Qué camino encontró un muro que no pudimos romper?
A mi memoria le gusta decir “yo estuve ahí”
A mi inteligencia le gusta decir “pude salir”
A mi miedo le urge decir “¡no más los ojos huecos de la mujer enlutada!”
A mi esperanza irremediable le es imprescindible decir “debimos cruzar todos”
A mi nostalgia le consuela decir “pinto y escribo lo que nadie puede ver”
Y a mi dolor le complace el silencio absoluto, las gotas de te, el humo del aliento, el viento del azur y el fuego crepitante de la llovizna que avanza sobre la acera infinita que mis pies descalzos construyen a cada andar, recompensa de empuñar los puños contra la pared y ser finalmente la poesía hecha materia, de sangre y de huesos, de batalla y de muertes.
Mayo 2009.
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